miércoles, 19 de agosto de 2009


No es tan fácil confiar en la gente, intento, intento pero no puedo. Porque por más que quieras cuuando ya te fallaron una y otra vez es demasiado predecible que lo van a volver a hacer. Y eso es aún peor, porque vos sabes que esto puede llegar a pasar y más oposición pones. Nosotros siempre queremos confiar en los demás, siempre uno quiere que la gente que lo quiere le diga la verdad… Pero a veces la verdad es muy dura como para soportarla tan así, que vengan y te la tiren en la cara como diciendo ‘ soy tu amigo, y como tal te digo la verdad, ahora te la bancas’. Y ahí es cuando entra la decepción quizás, porque la persona que vos tanto queres esta siendo demasiado sincero con vos y eso nos duele en cierto punto (mentira, te duele demasiado). Ahí es cuando estas más y más perseguido por todo lo que pasa a tu alrededor y una vez más desconfías de más gente. La decepción es una de las cosas que más nos lastiman (al menos a mi, la decepción, el abandono y el reemplazo son cosas qe me duelen en el alma) Entonces…. ¿En quién podemos confiar?... Si siempre, desde chico nos preocupamos por no fallarle a los demás, por no defraudarlos. No decepcionar y qe no nos decepcionen, obvio. ¿Es eso lo único que importa?. Si eso es lo que verdaderamente importa, ya vengo mal desde el principio porque en mi infancia tuve grandes decepciones, pero lo que la vida me enseño es que siempre, aunque cueste hay qe seguir y que tarde o temprano a uno lo decepcionan pero hay que seguir, cortar los hilos qe nos unen a eso y seguir… De chico no querés fallar a los grandes; menos querés que los grandes te fallen, aunque ellos están fallándonos una y otra vez… Uno no quiere fallar a la gente que ama ni que ellos te fallen ¿cierto? ¿Cómo lo soportás?, siempre la gente nos falla, claro está. Y una cosa mucho peor es fallarse a uno mismo, decepcionarse a uno mismo es triste, te da bronca, impotencia que una de las cosas que más odias que te hagan te la estés haciendo vos mismo y no midas las cosas en su momento… Me tortura saber que cada día que pasa vivo fallándome. Me asfixia saber que no solo me estoy fallando, sino que para completar la jugada le fallo a gente que quiero. Me da miedo seguir fallando, me da mucho miedo traicionarme, hacer las cosas que odio que la gente me haga, seguir y seguir con lo mismo y no poder cambiar, aunque me doy cuenta del error y digo ‘ el lunes…’ no, el lunes nada, ni el lunes, ni el martes; ni ningún otro día. ¿Porqué?¿Porqué si nos damos cuenta del error, no lo cambiamos? Porqué hay veces que estamos a tiempo de cambiarlo y no hacemos nada… Y yo no quiero que eso vuelva a pasar(me). No, no lo quiero. No quiero volver a fallar, así como no quiero que la gente que quiero me falle. Claro está. Por eso escribo, no me quiero olvidar. Los escritos me ayudan a recordar cada cosa que pasa por mi cabeza, porque escribo to-do lo que me pasa/siento/pienso etc. Como decía; no quiero olvidar, no quiero fallar(me/les). Así que promento que nuevamente me voy a esforzar (más que nunca espero) para no volver a soportar la auto-decepción.

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